El ejercicio “oficial” de su profesión de maestro lo inició en
Anserma Viejo, como se le conocía a este municipio en el viejo Caldas, hoy Eje
Cafetero.
Como todo profesor, cada cierto tiempo Javier debía entregar notas a
los padres de familia. Este momento fue para él lo que muchos llaman el momento
de epifanía ó revelación, cuando se
tiene una visión, o se encuentra una solución.
En la primera reunión Javier descubre que 37 de los 40 padres de
sus alumnos, no podían leer los informes acerca de sus hijos. Eran iletrados, razón por la cual era
difícil convocarlos a una asamblea. Entonces decide, de manera práctica y
autónoma, hacer reuniones por grupos
pequeños, en las que prevaleciera la conversación y el juego de dominó,
tradicional en ese municipio. Esa decisión se convertiría en una de las ideas
más brillantes de su vida, que lo haría tener cifras millonarias al lado de su
nombre.
Nunca pudo ganarles una partida de dominó a los padres de sus
alumnos. Pero el fondo del asunto no estaba en ganar o perder, sino en la
oportunidad que tuvo de observar las habilidades de estos “iletrados”: memoria
lógica, manejo de emociones, capacidad de inferencia, modificación de
estrategias, observación. Y Javier es vehemente al afirmar: “iletrado no es sinónimo de ignorante, como
se ha pretendido asociar”.
Las preguntas son más importantes que las respuestas, y las
preguntas con reflexiones generan una combinación poderosa que puede llevar a
plantear soluciones innovadoras. Ese momento de juego y compartir con un dominó
llevó a este hombre a hacerse una pregunta, luego a una reflexión, que sería
tal vez, la más profunda que se haría para ser quien es hoy: ¿“Por qué estas personas, con las
condiciones básicas para aprender a leer, escribir y sistematizar su matemática
concreta, no lo han logrado”?
Y viene la reflexión: “Si el
dominó se tuviera que aprender en la escuela formal, ya estaría moribundo a
causa de los exámenes antes de cada partida; de las calificaciones después de
las mismas; de los cuestionarios sobre las reglas del juego y de las listas y
datos sobre los países que reclaman su invención…”
Esta experiencia fue la chispa para decidir que el aprendizaje de
la lectoescritura y la matemática básica deben ser un juego, una herramienta que
permita descubrir, organizar, equivocarse, comprobar, demostrar y utilizar
saberes, valores, actitudes y habilidades. Aquí nacerían los primeros bosquejos
de su juego de la lectoescritura. Pero faltarían otras experiencias para llegar
hasta el abcdespañol.
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